Con los pies sobre la tierra: vinculación entre academia y sector hortícola

Ensenada, B.C.- A finales de 2014 se detectó en Israel el brote de una enfermedad en plantas provocada por una nueva especie de tobamovirus que ataca a solanáceas, principalmente a jitomate. 

En 2018 se reportó el primer caso en México en cultivos de jitomate y chile en los municipios de Yurécuaro y Tanhuato en Michoacán. La enfermedad que provoca el (tomato brown rugose fruit virus, TBRFV), deja a los frutos sin valor comercial. 

Los frutos infectados, por TBRFV, presentan arrugamiento, un color marrón y manchas de color amarillo. 

“La producción de jitomate en Baja California es muy importante tanto a nivel internacional, nacional y regional. Desde que nos enteramos del primer reporte en México, el Comité Estatal de Sanidad Vegetal de Baja California (CESVBC) y el Consejo Agrícola de Baja California (CABC) nos pidieron impartir talleres acerca de virus de plantas en general y en particular del nuevo TBRFV, en Maneadero y San Quintín que es donde se concentran los principales productores de este fruto.

“Fue un shock tremendo para los agricultores. De buenas a primeras la decisión obvia es no muevas, no abras, no toques, para que el virus no se disperse. Y esto trae consecuencias económicas graves para ellos. Los resultados que nosotros les podemos ofrecer no pueden ser utilizados para mover  producto a otros estados o países. Nosotros no contamos con la certificación oficial, pero sí realizamos el diagnóstico con el protocolo del SENASICA”,  indicó la Dra. Jimena Carrillo Tripp, encargada del Laboratorio de Virología Agrícola del CICESE.

Una de las ventajas de realizar las pruebas de diagnóstico en este centro es que los resultados los tienen en menor tiempo. Carrillo Tripp indicó que los laboratorios certificados en México son pocos y los tiempos son más largos. 

El trabajo que realiza  Carrillo Tripp y su equipo en este tema, está enmarcado en el proyecto denominado “Apoyo al sector hortícola de Baja California ante la emergencia del TBRFV en México”. 

Algunos de los objetivos de dicho proyecto son: asesorar al CESVBC y al CABC en la toma de decisiones; diseñar estrategias de muestreo y detección, así como difundir información a productores y técnicos de campo. 

El TBRFV es capaz de permanecer en las semillas, restos de plantas y el suelo. Los frutos infectados presentan arrugamiento, un color marrón y manchas de color amarillo. Cuando los síntomas son visibles, indicó Carrillo, es porque la infección está en un nivel avanzado. 

Cuando un productor se comunica al laboratorio para realizar un diagnóstico, se le envía un protocolo donde se explica paso a paso desde cómo entrar al invernadero para tomar las muestras, hasta cómo etiquetarla y enviarla por paquetería.

Al momento de recibir la muestra  se siguen los protocolos emitidos por el Centro Nacional de Referencia Fitosanitaria. Después de registrar el material se mantiene en un congelador hasta su procesamiento.

“El TBRFV es un virus de RNA; hacemos extracción de RNA para hacer reacción de RT-PCR,  un procedimiento muy similar al que se sigue para detectar SARS-CoV-2. Es una reacción de amplificación, primero se copia a DNA y ese DNA se usa de plantilla para la amplificación por PCR; ponemos los controles negativos, positivos, incluyendo clonas de la secuencia obtenidos del Centro Nacional de Referencia Fitosanitaria, y se corren en un gel de agarosa. Los resultados solamente los entregamos a quien solicitó el diagnóstico” explicó. 

La Dra. Carrillo Tripp agregó que las decisiones que se pueden tomar cuando se tiene información certera, en este caso un diagnóstico, son muy distintas a cuando solamente se infiere. Algunos productores  en Baja California -indicó- se han acostumbrado a implementar medidas, a documentarse y a responder basados en información que se les ha compartido.

Desafortunadamente no todo el sector toma las mismas medidas. A ellos también se les trata de alcanzar para que lo hagan, ya que según explicó Carrillo Tripp, el virus del tomate rugoso no se queda solamente en un rancho, es muy probable que los cultivos aledaños al infectado también presenten brote de este tobamovirus. 

La Dra. Carrillo Tripp compartió que es de suma importancia realizar ciencia básica y aplicada. Le interesa que los estudiantes puedan salir al campo para ver qué es lo que justifica su trabajo en el laboratorio. “Trabajar en el campo con los productores te hace poner los pies sobre la tierra, literal y metafóricamente.

Al final el CICESE tiende la mano y esa es una de las misiones que tenemos, no solamente en la parte de hacer ciencia, sino en la de divulgar como en La Noche de las Ciencias. Yo crecí en Ensenada y sé que hay mucha gente que nos conoce, pero también hay un sector que no y hay que compartir lo que sabemos. No somos todólogos, pero sí tenemos cierta experiencia y con ello podemos apoyar”, finalizó.

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